Caos
I · Caos como vacío
Para los antiguos griegos, kháos significaba abismo: aquello que, abriéndose de par en par, es hueco, basto y oscuro. Al parecer, la palabra tiene su origen en la raíz protoindoeuropea ghieh-, de la que se derivarán otras palabras, como brecha en inglés (gap) o bostezar en griego (khasmourito).
Los primeros traductores latinos de los Evangelios debían estar familiarizados con este significado. Así, en Lucas 16:26, Abraham, desde el Cielo, le dice a un condenado al Hades: «Entre tú y yo hay fijada una gran sima […]». La expresión «gran sima», mega khasma en el original griego, la tradujeron al latín como magnum chaos.
Para los antiguos poetas y místicos griegos Caos, además, era una de las deidades primigenias. Para Hesíodo, fue la primera de todas: «En verdad, al principio apareció el Caos, luego Gaia (Tierra) de amplios senos […], y Eros (Amor), el más bello entre los dioses inmortales […]».
Respecto a la interpretación de la cosmogonía de Hesíodo he tomado nota de tres comentarios de estudiosos contemporáneos que me han parecido interesantes:
Jaeger comenta que en los tiempos de Hesíodo se concebía el universo como eterno e increado y que, por tanto, para la mente presocrática el Caos se asemejaría a una especie de Causa Primera engendradora e increada.
Para Bussanich, el «Caos [de Hesíodo] simboliza el estado inicial de realidad pre-cósmica, un bostezo abismal», una suerte de espacio adimensional, un sustrato vacío y expansivo que, por ser anterior al mundo, «no se puede concebir de acuerdo a las leyes de la perspectiva o las dimensiones».
Para Hyland, el Caos de Hesíodo simbolizaría la idea de espacio y separación, el concepto de diferencia, que antecede a lo diferenciado, es decir, que antecede a la identidad y al binario.
Es curioso que estos tres comentaristas coincidan en describir el Caos de Hesíodo como a un dios-potencia engendrador e inefable, esto es, más allá de la geometría y, al mismo tiempo, aquello que es necesario para la manifestación de la geometría.
Haciendo una lectura psicológica, quizá el Caos de Hesíodo podría identificarse con la intuición del geómetra o del artista, es decir, una fuerza engendradora que, siendo informe, engendra todas las formas.
Por otro lado, se me ocurre que la acción cotidiana de irse a dormir podría interpretarse como un ritual caótico, pues es frecuentemente en el seno de la Noche cuando bostezamos y cerramos los ojos, esto es, desgajamos dos brechas, desplegamos dos lienzos oscuros, dos abismos expansivos de los que emanan siempre nuevos sueños.
II · Caos como desorden
Es posible que el significado contemporáneo de caos como desorden tenga su origen en la historia de otra palabra que acabaría por relacionarse muy íntimamente con aquella: kosmos.
Para los antiguos griegos kosmos significaba orden, arreglo u ornamento. El verbo kosmein, por ejemplo, significaba tanto ordenar como decorar. Asimismo, nuestra palabra cosmético, que comparte raíz, tiene su origen en el sustantivo kosmetike —que era el arte de vestir y adornarse.
Es muy posible que los griegos se refiriesen inicialmente al firmamento como kosmos, puesto que, además de poder observarse en él patrones de gran regularidad, patrones ordenados, las estrellas se asemejan a los ornamentos brillantes de un vestido (¿o deberíamos decir que nuestros ornamentos y brillantes se asemejan a las estrellas?).
Más tarde, el sustantivo acabaría por aplicarse al conjunto del mundo físico, quizá gracias al estudio de la geometría, que permitía imaginar al resto de la naturaleza como a un conjunto crecientemente inteligible, bello y ordenado de elementos.
En el Timeo de Platón podemos leer reflexiones cosmogónicas donde el devenir del mundo es sinónimo de kosmos como orden:
[El Demiurgo] era bueno, y el bueno nunca alberga envidia acerca de nada. Al carecer de envidia, Él quiso que todo llegara a ser lo más semejante posible a Sí mismo. [Este es el principio supremo] del devenir y el cosmos (geneseōs kai kosmou). Como el Demiurgo quiso que, en lo posible, todas las cosas fueran buenas […], tomó todo cuanto es visible, que se movía sin reposo de manera desordenada, y lo condujo del desorden al orden.
Varios siglos más tarde, en la Metamorfosis de Ovidio, encontramos ya la oposición explícita de kosmos, como sinónimo de mundo y orden, con kháos, como estado inicial fundamentalmente desordenado de las cosas:
Antes de que existiera la tierra o el mar […], la naturaleza aparecía igual en todo el mundo, lo que llamamos caos: una masa cruda, confusa, materia inerte, átomos discordantes […]. Nada conservaba su forma, una cosa obstruía a la otra, porque […] el frío combatía al calor, lo húmedo a lo seco, lo blando a lo duro y el peso a las cosas ingrávidas.
En la cosmogonía que presenta el Génesis bíblico también se describe el estado inicial del mundo como «informe y desolado», palabras que recuerdan al Caos de Ovidio. Sin embargo, ni en la Septuaginta ni en las primeras traducciones latinas de la Biblia se utilizará la palabra caos como sinónimo de desorden, y no será sino durante la Edad Moderna cuando estudiosos de los clásicos incorporarán en sus traducciones y comentarios el significado del poeta romano al vocabulario europeo, en general, y al imaginario del Génesis cristiano, en particular.
III · Caos como orden oculto
La palabra caos conserva actualmente el significado clásico de Ovidio —caos como desorden. Del mismo modo, la lectura del universo como cosmos, es decir, como conjunto ordenado de elementos cuyo estudio nos permite describir regularidades útiles, sigue estando muy en boga en el ámbito científico.
No hay que olvidar que el enorme progreso en la ciencia también nos ha permitido identificar nuevas incógnitas e irregularidades en la Naturaleza. Una revolución científica reciente —la Teoría del Caos— ha arrojado luz sobre algunas de ellas.
A principios de los 60, Lorenz trabajaba en el problema de la predicción del clima. Debido a un descuido, introdujo en su computadora datos de partida con una muy pequeña variación respecto a la vez anterior. A pesar de que los datos sólo variaban a partir del cuarto decimal, y de que la computadora estaba configurada de forma idéntica, su máquina arrojó resultados que evolucionaban, al cabo del tiempo, de forma completamente distinta.
Lorenz, motivado por su propio descubrimiento, se puso a investigar la dinámica de la evolución aparentemente aleatoria de sus datos y descubrió que existían regularidades ocultas, que expresó geométricamente —lo que más tarde Mandelbrot bautizaría como geometría fractal.
Aún más sorprendente es que las mismas regularidades geométricas fueron encontradas por otros tantos científicos que, inspirados por Lorenz, estudiaron la dinámica de los sistemas de sus propios y distintos nichos académicos.
El crecimiento de las poblaciones, de las plantas, de las venas…, el latido irregular de un corazón, la frecuencia de las pandemias, el tambaleo de un dado sobre la mesa, el goteo de un grifo, el fluir del agua, el humo y el viento, la danza frenética de una llama… múltiples y cotidianos fenómenos naturales, gobernados por leyes muy distintas y entendidos, algunos de ellos, como sinónimos de azar, ocultan en su devenir las mismas regularidades.
Haciendo una lectura filosófica, es posible que los teóricos del caos hayan logrado una especie de disolución de los opuestos: caos y cosmos. Pues, si los cosmólogos de todos los tiempos nos hablan del orden que nace del caos, los teóricos del caos, además, nos hablan de caos que nace del orden.
Por otro lado, debido a estos descubrimientos recientes en el estudio de los sistemas dinámicos, desde filósofos a informáticos se preguntan hoy en día si existe tal cosa como el caos, como azar verdadero, o si el azar es tan sólo un velo de impredecibilidad corrido por nuestra ignorancia sobre un universo genuina y absolutamente cósmico.